Recuerdo de mi tito Santos

Ayer me sorprendieron con un pequeño triciclo, hecho a mano,  de madera y pintado de azul. Me monto en él para recorrer las losas de piedra del suelo de mi casa y las aceras de la Calzada de la Virgen,…

…cuando suena la sirena del mediodía, todo el mundo sale corriendo, a fichar y a comer. Pero nosotros siempre nos tenemos que esperar un poco a que salga él, porque es el encargado y tiene que cerrar el taller. Nos montamos, un poco apretados, eso sí, en su Simca 1000 amarillo. A toda prisa, desde lo más alto de la zona industrial, a veces a punto muerto hasta que pone la marcha para arrancar, desde la fábrica de muebles  hasta la carretera… hay días que al llegar abajo ya nos ha contado un par de chistes. ¡A mi tito Santos le gusta contarlos!

En el trabajo es un maestro, con el contrachapado, la lija y el barniz y con la Fórmica que se ha puesto de moda en los muebles de cocina de los setenta. Cuando nos enseña el uso del Serrucho, la Garlopa  o el Formón, el ebanista se vuelve carpintero y se pone serio para que aprendamos bien. Cuando nos distraemos hablando y él nos ve, nos regaña con la mirada pero casi nunca nos dice nada, porque nos comprende.  En más de una ocasión nos ha reconocido que  también fue un joven aprendiz y nos cuenta anécdotas de aquella época…

… yo le llamo bicicleta, porque soy pequeño y triciclo no me sale.

Lo recuerdo como si fuera ayer. ¡Lo hizo para mi!

 

Joan López – feb 2019